Entrevista a Gustavo Chamorro

Previo al estreno de Homero, charlamos con su autor y director

GUSTAVO CHAMORRO

escribir es como verter agua

Gustavo Chamorro. Egresado de la Escuela Arte Escénico Jorge Triador (1994-1997) es fundador e integrante de la Comedia Municipal de San José desde 1996 bajo la dirección de Carlos Aguilera.
Funda y dirige a su vez GRUPORATES (grupo de teatro independiente) en el año 2002.
Actúa en El humor en la escuela (Firpo).Como vestir a un adolescente (Auchaín).
Dentro de la Comedia Municipal de San José y bajo la dirección del director Carlos Aguilera participa de: El Partener de Mauricio Kartun. (2008-2009).
Organizador y participante; con obra de su autoría y grupo de teatro independiente; del Primer Encuentro Departamental de Teatro del interior en San José año 2003.
Teniendo también la oportunidad de presentarse en varios departamentos de nuestro país tales como Tacuarembó, Rocha  Montevideo con obras representadas por GRUPORATES.
Participante activo con GRUPORATES (tres años consecutivos) de: “ENCUENTRO DE TEATRO DEL ÁREA METROPOLITANA.”
Lleva a escena con dicho grupo: En busca del paciente perfecto (2002). Érase una vez el sueño de un niño (2004). Tres bellas mujeres (2007). Una de cal y otra de arena (2008).

Como actor, director y dramaturgo, qué nos contestas si te preguntamos ¿por qué el teatro?
G.CH: Porque  a través de éste me es fácil expresar ciertos estados y lo rico e interesante es que está formado por varias disciplinas (letras, baile, danza, canto) De pronto hay momentos en la vida donde uno toma un rumbo, en el andar encuentra los espacios y los elementos adecuados para desarrollar, aprender y crecer como persona. Me concentro a contar desde el camino recorrido como autor y actor del grupo de teatro independiente, compartido  junto a otros; por suerte; ya que el arte no se recorre en soledad. La magia radica en resguardar el niño que llevamos dentro, ser generosos para prestar nuestra herramienta más importante que es el cuerpo en favor de los personajes, por eso infinitamente agradecido a cada uno de los actores y actrices que han pasado por Gruporates. El artista se forma, se hace y se aprende pero sobre todo se nace.

¿Lees mucho, poquito o nada? ¿Qué lees?
G.CH: Sinceramente, leo poco, quizás nada. Las tres primeras páginas de cualquier libro y ya después me aburre. Debo esforzarme incluso para leer mis textos, por eso los “represento”, busco a quien leérselos, lo declamo, emulo las voces de los personajes, etc. Eso me sirve para medir determinadas cosas. Agradezco tener  amigos y compañeros de teatro con quienes hacemos estos trabajos juntos, tardes enteras de mate o té y dramaturgia. Aunque no me considero un “dramaturgo”. Solo soy alguien con determinado “don” y dispuesto a dar, aceptando aquello que el entorno me regala lo proyecto hacia el escenario.

¿Quienes son tus referentes?
G.CH: Aunque soy más de cine. Ante esta pregunta los que se me vienen siempre primero a la cabeza son García Márquez y García Lorca. Luego de leer Cien Años de Soledad; a mis 15 años; ya poco más me resultó atractivo y al otro García lo tengo ahí como libro de referencia; con sus obras completas; sobre mi mesa de trabajo.

¿Por qué escribís teatro? ¿Hay otro género en el cuál has incursionado?
G.CH: Me formé como actor, de pronto asumo que las herramientas son básicas; las otorgadas en la escuela de arte escénico local; siendo algo audaz y autodidacta, en ese juego de  manejar la razón, el corazón y las intuición…soy un gran observador, un admirador de lo que me rodea, de todo y de todos. Las letras me sirven para dar testimonio y a la vez homenajear lo maravilloso de todo esto que me rodea. Entiéndase como maravilloso: “Todo, lo bueno y lo malo. La calidad de las cosas y de la gente.” Es por eso también que escribo narrativa ya que en ella se puede incursionar con palabras en lugares donde el teatro llega pero se expresa desde otro ángulo. Siempre que se de un chispazo de creatividad, detonado por algo que me llame la atención y avive mi inspiración busco desarrollarlo, tomará entonces forma de cuento, novela u obra de teatro.  La palabra es rica y nuestro lenguaje un tesoro. Me gusta jugar y escribir; como quien escribe una partitura; con el sonido de las voces de lo cotidiano.

¿Apostas a que todas tus obras se pongan en escena?
G.CH: No. Si bien debería ser el objetivo pero muchos de mis trabajos son meros ensayos. Siempre hay un tiempo de maduración entre proyecto y proyecto… se escribe alguna escena o algún cuento, se funcionan o se descartan. Se crea. Lo bueno es eso, crear y mantener viva la llama. Me refiero a la creación por el valor de ella misma, al ensayo y el error, el aprendizaje constante. Ya es mi filosofía; debo admitir; el aprender de la vida.

¿Qué es Homero y por qué Homero?
G.CH: Entre los significados del nombre encontré “ciego y encarcelado. Por ahí trabajé la obra y los estados de los personajes en tiempos de tormenta. Como resultado Una comedia de humor negro.

¿Qué buscaste cuando escribiste Homero?
G.CH: Una vez dije: “escribir es como verter agua, dependerá del relieve de la superficie el curso que ésta tome” Escribo por el mero ejercicio de hacer. Sin mucho ambición. Solo dejándome llevar por la magia; veces; sin mucho prejuicio. El ángel baja, la muza inspira y arranca el viaje. Luego la búsqueda lo hacen los personajes y la respuesta la dará el público.

¿Sentís que lo encontraste?
G.CH: Lo voy a sentir si logramos entretener al público. “Entre-Tener” sujetarlos, secuestrarlos, invitarlos y llevarlos a los lugares que los personajes deben llevarlos, que es en definitiva el objetivo de toda obra.

¿Por qué decidiste poner en escena Homero?
G.CH: Cuando un percibe que tiene un producto sólido ya es momento de llevarlo a escena. Y si bien en una primera instancia comencé a trabajarlo con amigos, allá por el año 2008; tiempo en el cual escribí esta obra; éste primer equipo de trabajo se disolvió por diferentes compromisos de las otras partes, sin que peligrara la amistad por suerte. De ese tiempo quien permanece es Fabiana, en estos últimos meses se incorporaron Claudia y Ana. Ya con éste elenco la tormenta sobre el escenario se va formando para dar vida a la obra. No pienso en definiciones, ni en mensajes, tampoco en las consecuencias, solo en estados y las acciones que nos llevan a ellos y eso es “Homero.”

¿Cuáles son las líneas de dirección que estás aplicando con Homero?
G.CH: Soy de la búsqueda, del ejercitar el no método pero respetando ciertos códigos teatrales. De que el producto sea orgánico, vivo y latente. Cada uno de nosotros sabe y ha pasado por alguna escuela, manejamos ciertos conceptos pero esto es un devenir constante. Entregarse y explorar. Es mucho de lo que aprendí sobre todo al trabajar con Fernando Tojas, en algunos de sus talleres. Es lo que ya nos enseñara Carlos Aguilera. No nos manejamos en términos matemáticos. Por supuesto que hay reglas, momentos de concreción y estados que manejar sobre todo en esta línea que es el teatro de humor negro, donde debes ajustar bien los tonos para dar el color adecuado.

¿Estás escribiendo algo ahora? Y si estas escribiendo ¿Homero influye?
G.CH: Siempre escribo, hasta en las servilletas de papel escribo y en este momento al estar tan vivo Homero de pronto influye para no influir… pero el estilo de Chamorro (se cual sea mi estilo) se mantiene, se entiende?

La mayoría de tus obras tienen como debate lo sexual, la sexualidad, la identidad, la construcción del género masculino – femenino y personajes muchas veces marginados. ¿por qué?
G.CH: La respuesta está en la pregunta. Por eso mismo por ser seres marginados, por ser personas que en la realidad nos negamos a ver y que este autor admira. De pronto he sido o soy o me he sentido uno esos seres. A lo mejor solo doy testimonio  para hacer ver que existimos. No me gusta ser  demagogo, ni panfletario, solo tomo determinadas características de lo que somos para contar una “fabula.” Hay conductas y emociones que son básicas en todo ser humano, preocupaciones que nos son comunes a todos, carencias o virtudes, negadas o aceptadas pero que existen y son los colores que tomo para pintar un cuadro.  En Homero los personajes están encerrados por su lucha interna y por las inclemencias del tiempo, y un destino tan oscuro, sórdido e ígneo como el fuego que consume un cuerpo para volverlo cenizas o  creer en la maravilla de ser capaces de crear vida en un vientre materno, de la misma forma que se moldea a la arcilla para crear una obra. La sexualidad, la identidad, la construcción de los géneros no nos son ajenos. Los estados del alma pasan por el cuerpo, en esta lucha que tenemos constante, porque somos seres vivos y desde el escenario estamos más vivos que nunca, el estado más real nace al abrirse el telón.■